DESDE LA BASE, EL HOMBRE
(Por el Relacionista Público Eduardo Scarpa)
La cultura popular custodia en su imaginaria biblioteca frases
de esas que se construyen entre vivencias y boliche; entre pelotas
de trapo y empedrados. Una que a pesar del paso del tiempo no
ha dejado de ser célebre, sentencia que “la familia
es la base de la sociedad”.
La sociología y otras ciencias, la rescataron de entre
las telarañas de la memoria, y se basan tanto en ella como
lo hicieron Don Juan y Doña María, en un barrio
cualquiera, de un lugar del mundo que no viene al caso, hace ya
mucho tiempo…
Y es cierta, y está más que vigente. Tanto, que
en el desgajamiento de ambas que vemos y vivimos entre atónitos
e impotentes, está la prueba.
Pero –curiosamente- una frase anterior a ésta -más
básica de lo que podamos percatarnos, y más concepto-valor
que simple refrán- parece haber quedado presa en el túnel
del tiempo. E insiste en llamarnos desde un sitio lejano y recóndito,
con un casi imperceptible ulular de advertencia en forma de señales,
que sólo los más despabilados logran captar. Pero
son pocos quienes lo hacen.
Porque cierto es también, que la familia está integrada
por PERSONAS, y por tanto -aún antes que aquélla-
está el HOMBRE.
Clarísimo, verdad?
La pregunta es, si cada uno de nosotros ha valorado su incidencia
en la sociedad a través de su acción y actitud;
ya sea en la familia como en el trabajo, los dos ámbitos
entre los cuales distribuimos la amplia mayoría de nuestro
tiempo en vida.
Y cuando digo “nosotros”, me refiero a los uruguayos.
Y la respuesta, es NO. La mayoría no la ha valorado.
Cómo saberlo? Pues sencillamente, si lo hubiésemos
hecho, seríamos 128 millones de personas en un grupo de
islas montañosas, de suelo mayormente infértil e
improductivo, llevando adelante a una de las Naciones más
prósperas del mundo…
O sea, seríamos japoneses. Porque así es -en grueso
resumen- la Nación del sol naciente.
Pero no. Somos uruguayos; de la tierra que liberó el General.
Con nuestras virtudes y defectos; nuestras peculiaridades y tonos
de pura cepa “oriental al Uruguay”.
Desde el ángulo que enfocamos hoy este artículo,
puede apreciarse entre características “muy uruguayas”
cierto “laisser-faire”, llevado a la comunicación
social en formas tales como: “¿que tanto puedo incidir
entre 3 millones?” o… “¿de qué
vale mi esfuerzo, si muchos reman hacia otro lado?” o…
“¿por qué debo luchar por mi y por los demás?”
La diferencia entre Uruguay y Japón es sí territorial.
Es también económica y poblacional. Pero principalmente
y ante todo –convencidos estamos- es ACTITUDINAL.
Ellos están formados en la cultura del trabajo, la responsabilidad
personal y social, y han construido una mentalidad positiva en
orgullo y convicciones que –sumada a su inteligencia para
identificar y captar las oportunidades para Japón entre
las necesidades del mundo- les coloca en el alto escalafón
de los pueblos desarrollados.
Y nosotros… Ni “tan, tan…”, ni tampoco…
Como buenos latinos exacerbadamente uruguayos, muchas veces nos
conformamos con el empate, cuando pudimos ganar. Le disparamos
a las 12 horas, si con 8 igual “tiramos”.
Y ese conformismo mediocre, lo paseamos de casa a la Empresa y
de ésta a casa, para luego desparramarlo desconsideradamente
en la Familia.
Si; en la Familia.
La célula madre de la sociedad, según Don Juan y
Doña María, recuerda?
Sin embargo –y como hemos visto- la manida célula
tiene un “antes”, que es el HOMBRE. El que integra
la familia; quizás hasta quien la formó, y por cierto,
el que la educa a su imagen y semejanza, le guste o no.
Entonces, situando cada cosa en su lugar, y habiendo comprobado
que todo empieza y termina en el HOMBRE, cabe preguntarse…
¿Es pasible de cambiar? Si, lo es.
¿Puede aprender y asumir? Si, puede.
¿Puede generar compromiso para sí mismo y desde
su lugar expandirlo también hacia los demás, actuando
en pos la comprensión y predicando con el ejemplo? Si,
también puede.
En definitiva, es educable la ACTITUD?
Si, lo es; aunque la profundidad del cambio dependerá de
cada quien, de su apertura y avidez, y del entorno social y su
poder de contagio.
Esta es una concepción humanista del mundo y la sociedad
en que vivimos, pero no abdicamos de sostener tal visión.
Por lo dicho: convencidos estamos que DESDE LA BASE, EL HOMBRE
es el que influye y determina.
Nuestra expertisse nos demuestra, que el ser humano es uno solo.
No se divide en dos, y mientras una mitad va a la Empresa, la
otra queda en casa. Como formadores de personas y funcionarios,
tenemos la mejor experiencia en la formación INTEGRAL de
las personas.
Es la única forma de educar paralelamente, individuos,
funcionarios y uruguayos, todo en un solo cuerpo, alma y mente.
Y es lo que el país necesita.
Los HOMBRES convencidos y en ACTITUD POSITIVA, son los ganadores.
No del premio al gran funcionario o al mejor Papá, sino
DE LA VIDA.
Lo demás, es consecuencia directa de esto.
Son los coronados con la realización personal y/o profesional,
aunque el galardón no se les vea sobre sus cabezas, sino
en sus gestos y acciones.
Al cambio se llega por un camino extenso y difícil.
Casi tanto como ir a Japón.
Como Comunicadores y formadores de ACTITUD estamos trabajando
en esto y para esto. Para que mejores personas se integren a las
Empresas como mejores funcionarios, y cada quién regrese
a casa al final de cada jornada, con alegría y esperanza
en un país mejor.
Téc. RR.PP. Eduardo Scarpa