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El Ejemplo OBAMA
(Por el Relacionista Público Eduardo Scarpa – Director/Supervisor)

Dos sociedades diferentes

El camino imaginario de la opinión desde Latinoamérica hacia los Estados Unidos, ha estado vallado –siempre- por claroscuros del pensamiento. Lo curioso es que -desde nuestro lado- lo que rara vez se toma en cuenta, es que somos sociedades muy diferentes; difíciles de comparar por idiosincrasia, historia y experiencias de vida.
En el plano internacional, la norteamericana luce orgullosa su conciencia de “responsabilidad” por todo cuanto ocurre en el mundo, actitud ésta difícil de comprender para nosotros, los latinos.
Lo que para ellos es sincero deber de custodia de la paz internacional (por la cual están dispuestos a morir), para otros no es más que arrogante espíritu imperialista.

Seguramente quien haya visitado los Estados Unidos, y conozca un mínimo al pueblo “yankee”, coincidirá con nuestra visión: el norteamericano medio no tiene nada de prepotente ni de imperialista, y sí tiene mucho de responsable, aunado ésto a una visión global de la seguridad mundial y propia, de la que nosotros carecemos casi totalmente.
Nótese que hablamos de los pueblos, no de sus gobernantes.
Porque quienes ejercen el poder, actúan según sus respectivas visiones de la realidad, lo cual no necesariamente coincide con la visión de conciencia social de sus comunidades.
A modo de ejemplo, ya demostró George W. Bush que era capaz hasta de pasar por encima de decisiones del Consejo de Seguridad de la ONU, según “convicciones” personales, sin importar la visión de su propio pueblo, y menos aún, la de otros.
Por cierto algunos gobernantes latinoamericanos no le van a la zaga, y han abierto el “concurso no-declarado” de la gran barrabasada internacional, esforzándose –algunos de ellos- por superar el desequilibrio puesto de manifiesto por el ex Presidente Bush.

Un mundo sorprendente

Sin embargo, algo cambió en los Estados Unidos, y –en función de ello- seguramente algo cambiará también en el orden internacional.

Este vertiginoso mundo en el que vivimos, nos tiene una sorpresa preparada cada día. Ya sea desde el ángulo de los avances tecnológicos, como desde el de la violencia que gana espacios día a día -desafiando la paz mundial- como desde muchos puntos de vista más.

Pero nadie –nadie- hubiera estado preparado hace nada más 5 años, para vivir el hecho más sorprendente que pudiéramos imaginar: que un afro-descendiente llegara a la Presidencia de los Estados Unidos. Y si nuestra imaginación hubiese llegado al punto de soñar que el segundo nombre del personaje fuese “Hussein”, entonces ya hubiéramos llegado al delirio, verdad?

Pues ni sueño ni delirio: el pueblo norteamericano quebró todos los esquemas que pudieran inferírsele y puso a Barack Hussein Obama en la Presidencia de los Estados Unidos. Lo que no sabemos, es si ese pueblo realmente creyó que todos los cambios y la prédica que Obama desparramó en su campaña política, fuesen traducidos en hechos por este hombre excepcional, tan rápidamente como lo está haciendo.

El ejemplo Obama

La personalidad de Barack Obama se mueve entre su perfil medio y lo analítico; entre lo proactivo y lo decidido. Pero lo más interesante, es esa fusión de serenidad y convicción que tiene y transmite. Parece el individuo nacido el día preciso, para llegar en el momento más indicado a conducir el destino de la Nación más poderosa del mundo, y desde ella, ser guía y ejemplo para occidente, y –por qué no?- el mundo entero.

La crisis más abismal en la historia de su país, hundía a los Estados Unidos en un universo de dudas sin respuesta, el día que Obama asumió la primera Magistratura.
En menos de un año, fue capaz de alcanzar un ordenamiento y confianza tales, que hoy ya ha logrado sacar a su país de la oscuridad de la recesión. Paralelamente, comenzó a instrumentar reformas profundas, en su sistema financiero y en el de salud (entre otras) además de promover ese nuevo estilo de liderazgo a nivel mundial que le caracteriza.

El EJEMPLO que Obama proclama sin palabras, pero con propuestas y acciones concretas, es tan simple como contundente: “yo me hago cargo; ¿tu te haces cargo?”

Así, llegó a asumir desbordes en que incurrió su país, cosa que ni el más iluso ser humano hubiera esperado jamás. Y desde la autoridad moral que le da su autocrítica, comenzó a contagiar esa prédica que ojalá sea asumida por todos: hacerse cargo.

Asumió también la mirada indiferente que Estados Unidos dedicó siempre a Latinoamérica, y desde esa responsabilidad le pidió no quedar de brazos cruzados esperando por dádivas norteamericanas, sino a concretar un nuevo tipo de relacionamiento, proactivo en la generación de oportunidades, dejando de lado los fantasmas del “imperialismo opresor”.

Hacerse cargo

De un hombre tan excepcional, sólo pueden esperarse hechos excepcionales. Y como además es tan joven (48 años cumplidos hace poco), seguramente tendrá tiempo y oportunidades de consolidar su liderazgo y sus proyectos de cambio para los Estados Unidos y para el mundo.

Desde nuestro modesto lugar, y desde la admiración que el personaje nos despierta, un valor nos permitimos destacar, de tantos y tan buenos que Barack Obama ha promovido: la responsabilidad. Ese hacerse cargo que ojalá todos quisiéramos y pudiéramos ejecutar en nuestras vidas, personales y profesionales, sin importar el rol que nos corresponda en la sociedad o en la familia.

Hacerse cargo es, conocer nuestras responsabilidades; trabajar sobre nuestras falencias; reafirmar nuestros valores; acometer desafíos y tomar decisiones. Y respaldándonos en todo ello, la evolución es posible.

Un premio justo

Por último, es de orden –hablando de Barack Obama- esbozar una opinión acerca del “polémico” Premio Nóbel de la Paz, recientemente adjudicado al Presidente de los Estados Unidos. Porque parece ser que, para algunos analistas, la “corta edad” y la “escasa trayectoria” de Obama debieron interponerse entre él y el Premio.

Sin ingresar en comparaciones con otros candidatos, ni a cotejar merecimientos, sí discrepamos frontalmente con la necesidad de exponer determinada trayectoria o experiencia para acceder a ciertos reconocimientos. ¿Quién tiene ese patrón de medida? Obama es hoy y ahora, y en este tiempo y este momento está haciendo mucho –en forma directa, y también indirecta- por la paz mundial. Por tanto, le corresponde legítimamente.

Esos pretendidos “requisitos” nos recuerdan algunos que se hacen presentes en el mundo del trabajo, cuando la prioridad para ascensos –por ejemplo- es para algunos los años de carrera, y no la calidad de la trayectoria o la capacidad del candidato.

Hacerse cargo en el nuevo mundo de líderes como Barack Obama, implica dejar atrás preconceptos retrógrados, y sumarse a un nuevo relacionamiento, impulsando el crecimiento individual y colectivo, la solidaridad y el compromiso. Que así sea, en todos los rincones del mundo.

Téc. RR.PP. Eduardo Scarpa
Director | Supervisor

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