AY DE TI… HAITÍ…
(Por el Relacionista Público Eduardo Scarpa)
Reflexión y motivación inicial
¿A quién le cargaríamos las culpas de desgracias
tan profundas, reiteradas y de liberación lenta como las
que llora Haití, si no existiera ese imponderable que los
hombres llamamos “destino”...?
Entidad indefinida ésta -tan tozuda como misteriosa- que
a veces parece ensañarse y desbordarse, como con el sufrido
país caribeño.
La mueca de la tragedia disimula por estos días algunos
delirios extraídos de un malintencionado disparatario que
cierta prensa internacional ha deslizado.
Afortunadamente en nuestro país, priva la cordura en la
mayoría de los Medios, razón por la cual los errores
no han pasado de fallas de información de algunos Periodistas
que deberían recurrir más asiduamente a la biblioteca,
antes de manejar datos que no se ajustan a la realidad.
Es para algunas puntualizaciones y reflexiones al respecto de
esto que comenzamos nuestros Artículos 2010 con la presente
nota, aunque la magnitud del desastre con el halo de tantas muertes
y tan terribles carencias en el sufrido pueblo haitiano, minimice
estas apreciaciones.
Acerca de lo mensurable
Hemos escuchado en estos días que el sismo que sacudió
Haití hace poco fue “el más grande de la historia”.
Esto no es así desde ningún ángulo de la
información.
Si tomamos los datos estrictamente científicos e históricos,
este terremoto registró 7,3 grados en la escala Richter,
lo cual lo ubica lejos de los movimientos telúricos más
fuertes. Cabe recordar que –según los registros de
la era moderna- el pico más alto corresponde al sismo de
Valdivia (Chile) en 1960, que marcó 9,3 grados Richter.
Su posterior tsunami generó gigantescas olas que alcanzaron
Hawaii, segando más de 5.000 vidas en su demoledor trayecto.
Si pudiera medirse el poder de devastación, sin duda el
terremoto y tsunami de Alaska del Viernes Santo de 1964 (segundo
pico histórico de la escala Richter, con 9,2 grados) quedará
grabado en la historia, ya que –agregada a su virulencia-
se hizo sentir por 5 minutos completos. Sí, ¡5 minutos!
¿Pueden Uds. imaginar la tierra sacudiéndose con
semejante poder durante 300 segundos…?
El epicentro estuvo en el fiordo Príncipe Guillermo, a
unos 120 km. de la ciudad de Anchorage (la de mayor población
en Alaska), que fue literalmente arrasada por el posterior tsunami,
al igual que el puerto de Valdez y otras aldeas costeras. Olas
enormes se desplazaron también hacia el sur, llegando a
la costa oeste de Canadá y los Estados Unidos, incluso
hasta la propia California.
La tierra literalmente se abrió en Alaska, dejando grietas
como no se vio jamás a consecuencia de un movimiento telúrico.
La escasa población de entonces en la zona de desastre,
hizo que la pérdida de vidas humanas no fuese tan dramática
como si este sismo hubiese afectado otra parte del mundo: 130
muertos fue el total de víctimas entre Alaska y Canadá,
a causa de este fenómeno.
El tercer y cuarto registro en esta dramática escala,
también los tiene Alaska. Es bueno recordar que la falla
denominada “Círculo de Fuego del Pacífico”
tiene su segmento más crítico precisamente en este
Estado de los Estados Unidos. Para dimensionar el poder oculto
que encierra esta tierra salvaje de hielo y fuego, basta señalar
que 1/3 del total de volcanes activos del planeta, está
en Alaska: son más de 50.
El 9 de marzo de 1957, un sismo de 9.1 grados Richter estremeció
las despobladas Islas Andreanof (parte de las Aleutianas), que
en el mapa lucen como la prolongación de la península
de Alaska, en las heladas aguas del Mar de Bering. En la Isla
Umnak, el volcán Vsevidof (de 2.150 metros de altitud)
hizo erupción luego de una perezosa siesta de 200 años,
generando un tsunami de 15 metros de alto que llegó hasta
Hawaii.
Lo cierto es que el 10 de Julio de 1958, otro tremendo sismo
de 9,0 grados Richter sacudió el sur alaskano, con epicentro
en la Bahía Lituya, que desemboca en el Golfo de Alaska.
El movimiento telúrico fue tal, que provocó la caída
vertical de un gigantesco tramo de la escarpada y rocosa ribera
de la bahía, junto al Glaciar Lituya, que está exactamente
en medio de la falla de la placa tectónica. Y póngase
atención a estos datos: ¡más de 30 millones
de metros cúbicos de roca cayeron a pique a la bahía
-cerca de la boca del glaciar- desde una altura de 914 metros!
El impacto fue tan tremendo, que generó el tsunami más
gigantesco que registre la historia: ¡la ola que se generó
arrancó de raíz toda la vegetación de la
ribera de la bahía hasta una altura de 524 metros! La geografía
entera de la bahía resultó modificada a causa del
excepcional fenómeno, que no cobró más que
algunas decenas de víctimas dado lo remoto y escasamente
habitado de esta parte de Alaska.
Y por ahí, por los 9,0 grados Richter aparece también
un desastre natural que seguramente todos tenemos latente en nuestras
memorias: el terremoto y consecuente tsunami del 26 de diciembre
de 2004 en Sumatra, que afectó Indonesia y todo el sureste
de Asia, cobrando más de 230.000 muertos. Este sí
fue –en materia de vidas humanas- el terremoto más
letal de la era moderna; digamos, según la información
que puede confirmarse y medirse de forma medianamente confiable.
Pero aún no sabemos si el sismo de Haití no le
superará en cantidad de víctimas, ya que la amarga
cuenta ronda por ahora los 150.000 muertos, cuando la evaluación
recién comienza y este dato es apenas primario. En este
aspecto entonces sí; la historia habla de otros desastres
generados por sismos y tsunamis, como el de China en los años
1.500 (800.000 muertos estimados), y el de Egipto en los años
1.200 (más de un millón de muertos estimados). Claro
está que en esos tiempos, no existían instrumentos
de medición, ni medios rigurosos para el recuento de víctimas.
Acerca de lo inmensurable
Si bien el lado inmedible de la tragedia haitiana hace cómodas
cunas en las que la especulación descansa a piacere, es
éste –no tenemos dudas- el ángulo más
terrible, desalentador y angustiante de este quiebre histórico.
¿Por dónde empezar a curar una herida tan profunda
inferida por el destino a este sufrido pueblo, cuando toda –toda-
su estructura social está enferma casi de muerte desde
antes, mucho antes del terremoto?
Porque –reconozcámoslo- los cimientos de esta Nación
se han sacudido aún mucho más violentamente por
los propios y dolorosos hechos de su historia, que por el sismo
del 12 de enero pasado.
Arreglate como puedas…
Haití tuvo antiquísimos pobladores (probablemente
desde miles de años AC), que fueron colonizados cuando
Colón descubrió la isla en su primer viaje, en 1492.
Pero fue recién en el segundo viaje que el navegante español
extendió dicha colonización, llegando al exterminio
de la población local. Cuando concluyó, el tercio
occidental de la isla (el que hoy es Haití) fue “cedido”
a Francia en un tratado firmado en 1697.
De allí en más, Francia (país éste
que admiramos por su acervo cultural e historia, independientemente
de esta puntualización) demostraría en Haití
lo que –salvo alguna honrosa excepción- confirmaría
en el resto de sus posesiones: el ser un pésimo colonizador,
que no llegó nunca a inculcar su cultura y estilo de vida
en los pueblos tomados, como sin embargo sí lo lograron
los británicos, encaminando hacia una mejor calidad de
vida a sus antiguos dependientes. Las abismales diferencias entre
un colonizador y otro, se aprecian en el grado de desarrollo de
esas Naciones hoy libres, en la era contemporánea.
Queda así inexcusablemente expuesto el desinterés
francés, de hoy y de antes, por su antigua posesión
en esta isla.
Haití declaró su independencia el 1º. de enero
de 1804, siendo la primer Nación latinoamericana en hacerlo.
Pero no tuvo una historia sencilla, ni vivió casi nunca
en democracia real. Sufrió los efectos retardados de la
Revolución Francesa, acusó levantamientos internos
y repelió intentos de invasión. Pero sobre todo,
sufrió en forma casi permanente la ausencia del aire fresco
de la democracia.
En 1958, asume la Presidencia Francois Duvallier (más conocido
como “Papa Doc”), quien tras oponerse a la dictadura
de Paul Magloire –respaldado en el ejército- alcanzó
la primera magistratura. Pero de democrático no tuvo ni
el rótulo; fue un sanguinario y arrogante dictador que
llegó a hacerse nombrar “Presidente Vitalicio”,
hundiendo a Haití en el aislamiento internacional. Su “sucesor”
fue su propio hijo, Jean-Claude Duvallier (“Baby Doc”),
quien asumió en 1971. Pero en 1986, una revolución
le derrocó y obligó a exiliarse.
Entre 1988 y 2004 (año éste en que llegan los “cascos
azules” de las Naciones Unidas como vehículo estabilizador
del país), Haití registró 4 golpes de Estado.
Es así que entre los avatares de una historia de sangre
y fuego, una pobreza endémica nacida de sus escasos recursos
naturales, y la ineptitud de sus gobernantes, Haití es
hoy una de las naciones más pobres del mundo, sino la más.
Manos tendidas, delirio y explotación
Inusitadamente, la terrible situación desatada por el
sismo, tuvo un efecto en cierto modo positivo. Es como si ese
terremoto hubiese sido un grito desgarrador dirigido desde la
sociedad haitiana al mundo; casi como un dramático llamado
de atención: “mírame; fíjate cómo
estoy!”
Tanto, que todas las Naciones han puesto sus ojos en la isla caribeña.
Hay que decir que, afortunadamente, la respuesta parece haber
sido inmediata y solidaria tanto de parte de las Naciones Unidas,
como de la Cruz Roja y un sinnúmero de países entre
los que se cuenta Uruguay, que tiene en Haití un contingente
militar permanente integrado a los “cascos azules”
de la ONU.
Obviamente, en tremenda emergencia ha puesto más quien
podía poner más, y era lógico y dable esperar
que así lo hiciera. Y nos referimos a los Estados Unidos,
que ha llegado con asistencia no sólo en monetario, sino
también con toda su enorme experiencia y disponibilidad
de recursos para asistir al pueblo haitiano, y tratar de controlar
el caos generado por este desastre natural en una Nación
sin respuesta, organización ni estructura.
¿Es raro esto? Opinamos que no; que es lo que podía
y debía esperarse de la Nación más poderosa
del mundo. De hecho, si no hubiera concedido lo mejor de sí
en estas dramáticas circunstancias, seguramente todos le
estaríamos dirigiendo hoy nuestra más dura crítica.
Cada cual ha contribuido a la altura de sus posibilidades. Y nosotros
los uruguayos debemos sentirnos muy orgullosos de formar parte
con nuestros efectivos de la fuerza multinacional de paz, hoy
llevada por los críticos hechos a ser más bien una
fuerza de asistencia a la población y de contralor del
caos.
Y aunque no debería suceder en un momento tan crucial,
nunca falta algún delirante que extienda mantos de duda
sobre las acciones de los demás, o –lo que es mucho
peor aún- explote de la forma más repugnante que
podría esperarse, tan tremenda situación.
En ese contexto, apareció la acusación anónima:
“los Estados Unidos provocaron el terremoto con sus experimentos
nucleares”. Delirio absoluto que nos exime de cualquier
comentario.
Parece que algún desequilibrado no se enteró que
la ciencia estudia hace tiempo, por qué la actividad sísmica
se viene incrementando siglo a siglo en nuestro Planeta, no sólo
en intensidad, sino también en asiduidad. O sea, este terremoto
se encuadra en esa realidad que se conoce con información
certera hace por lo menos 300 años.
Pero también se escucharon inferencias o referencias a
la “masiva” presencia estadounidense, sin que faltara
quien la denunciase como una “invasión” a territorio
haitiano “aprovechando las circunstancias”.
Nosotros nos preguntamos: quien infiere de este modo, ¿puede
proporcionar la misma ayuda? ¿Dispone de fondos como los
que Estados Unidos destinó a esta operación? Y si
los tuviera, ¿los pondría a favor de la causa haitiana?
¿Está dispuesto a llevar 10.000 efectivos militares
a la isla para ordenar el caos? ¿Tiene la maquinaria y
tecnología necesaria? ¿Destinaría un portaviones
para sustituir la operativa de las derrumbadas torres de control
de los primitivos aeropuertos haitianos, y desde la nave hacer
posible la circulación en el espacio aéreo de Haití?
Y además, ¿dispone en forma inmediata de todo lo
necesario, incluida la experiencia y el conocimiento logístico
para una operación de emergencia de este calibre?
Como quienes así hablaron fueron Venezuela, Cuba y Rusia,
estamos seguros que no. No tienen casi nada de esto, ni tampoco
lo pondrían en este caso, porque Haití no les sirve
para otra cosa que no sea acusar a los Estados Unidos de “invasor”.
Aunque tampoco hay que tomar muy en serio sus dichos, dadas sus
costumbres y antecedentes.
No ocultamos nuestra convicción democrática: personajes
como Hugo Chávez carecen de autoridad moral para enjuiciar
a alguien, cuándo sería él quien debería
estar bajo juicio por agredir reiteradamente la libertad de prensa
y otras más en su país. Así ha quedado demostrado
en su más reciente atentado de hace unos pocos días,
clausurando la segunda estación de televisión, simplemente
por no repetir sus aburridas y reiteradas arengas.
Por desgracia entonces, nunca falta el delirante que inventa
que los terremotos son consecuencia de experimentos norteamericanos,
ni el inmoral que –en forma repugnante- utiliza el dramático
momento que viven 7 millones de haitianos para defender una trinchera
política en la que están –él y sus
secuaces- cada vez, más solos.
Ay de ti… Haití
Las crisis más profundas suelen ser, el punto desde el
cual una situación comienza a mejorar.
Haití, tras dos siglos en la caída libre de su endeble
estructura social y política, hoy ha dado de lleno contra
el piso, por consecuencia directa de este fenómeno.
Es de esperar entonces, que tras la superposición de un
desastre natural de trágicas dimensiones, con una historia
amarga y desoladora, y un presente en el que la desorientación
ataca sin piedad a haitianos y a quienes tratan de ayudarles,
este momento comience a superarse con la solidaridad y participación
directa internacional.
Téc. RR.PP. Eduardo Scarpa
DIRECTOR | SUPERVISOR